La psiquiatra que lo evaluó describió un cuadro de impulsividad extrema, consumo desde la infancia y limitaciones cognitivas, aunque el tribunal consideró que no anulaban su responsabilidad penal.
Uno de los ejes centrales del juicio por el crimen de Martín Mora Negretti en junio de 2022 fue el análisis de la personalidad de Julio César Bibbo, sobre el que la defensa apoyó su estrategia para intentar morigerar la calificación legal de los hechos.
Para ello, resultó clave el testimonio de la médica psiquiatra de la Asesoría Pericial, quien expuso un cuadro clínico complejo, con múltiples factores que, según sostuvo inciden directamente en su conducta.
Durante su declaración, la profesional explicó que el imputado padece HIV de transmisión vertical y que desde edades muy tempranas estuvo vinculado al consumo de sustancias psicoactivas.
A ese contexto se suma una lesión isquémica que habría afectado su desarrollo neurológico, configurando un perfil de marcada vulnerabilidad.
En base a las evaluaciones realizadas en 2019 y 2022, la especialista describió a Bibbo como una persona con inteligencia subnormal y con serias dificultades para procesar experiencias y aprender de ellas.
Según indicó, su funcionamiento psíquico está atravesado por un retraso madurativo que condiciona su capacidad de análisis y reflexión.
Uno de los aspectos más relevantes del informe fue la descripción de su conducta impulsiva. La psiquiatra sostuvo que Bibbo carece de capacidad de planificación y que actúa de manera inmediata frente a los estímulos, sin medir consecuencias.
“Es una máquina de impulso”, sintetizó, al tiempo que explicó que, ante situaciones incluso menores, puede reaccionar de forma desproporcionada y violenta.
En esa línea, detalló que Bibbo presenta una alteración en la capacidad de dirección de sus actos: una vez que inicia una acción, no logra detenerse ni regular su conducta. Si bien puede comprender que está agrediendo, no cuenta, según su criterio, con herramientas psíquicas suficientes para frenar ese accionar o evaluar alternativas.
Además, durante el contraexamen, la profesional sostuvo que, en contextos de violencia, el condenado puede dirigir su agresión hacia cualquier persona, sin distinción ni planificación previa, descartando la posibilidad de conductas elaboradas o estrategias deliberadas. En ese estado, explicó, no existe un razonamiento complejo sino una descarga impulsiva.
Otro punto señalado fue su dificultad para reconstruir los hechos: puede recordar el conflicto inicial, pero no logra ordenar la secuencia completa de lo sucedido, lo que se vincula con sus limitaciones cognitivas, según la experta.
Pese a la contundencia del testimonio, el tribunal advirtió que no fue refutado por otros especialistas durante el juicio, aunque consideró que estas características no resultaban suficientes para excluir la responsabilidad penal del acusado.
No obstante, sí fueron valoradas parcialmente como atenuantes al momento de definir la pena, en el marco de un análisis integral de su personalidad y condiciones de vida.